La maternidad ha sido una de las figuras más recurrentes en el audiovisual mexicano, pero también una de las más encasilladas. Durante décadas, el cine nacional construyó a la madre como símbolo: abnegada, sacrificada, moralmente intachable. Una figura más cercana al ideal que a la experiencia real.
Sin embargo, esa representación no es inocente. El audiovisual no solo refleja la realidad, también la moldea. Las historias que vemos en pantalla configuran imaginarios colectivos, establecen normas y delimitan lo que entendemos como posible o deseable. En ese sentido, la maternidad en el cine ha sido, históricamente, una construcción cultural antes que una exploración compleja de la experiencia femenina.
De la madre ideal a la madre real
En el cine clásico mexicano, la figura materna operaba como eje moral de la narrativa. Era el sostén emocional, la conciencia ética, el sacrificio silencioso. Esta representación consolidó una imagen homogénea de la madre: protectora, sufrida y, sobre todo, subordinada a su rol familiar.
Esta construcción limitó la diversidad de historias posibles. La maternidad no era un conflicto, sino un destino. No había ambigüedad, contradicción ni deseo propio.
Sin embargo, el cine contemporáneo ha comenzado a cuestionar estas representaciones. Nuevas narrativas exploran maternidades atravesadas por la violencia, la precariedad, la ambivalencia emocional y las decisiones personales. La madre deja de ser un arquetipo y se convierte en personaje.
De acuerdo con el artículo La potencia comunicativa del cine feminista: violencia y maternidad en cine mexicano contemporáneo, escrito por Araceli Miranda Heredia y la Dra. Cynthia Pech Salvador para la Revista UCM (2025), el cine mexicano reciente ha incorporado miradas que cuestionan la maternidad como mandato, abordándola desde perspectivas críticas que incluyen la autonomía, el conflicto y la resistencia.
La maternidad como territorio político
Hablar de maternidad en el audiovisual también implica hablar de poder. ¿Quién cuenta estas historias? ¿Desde qué mirada se construyen?
La representación de las mujeres, en particular de la maternidad, ha estado históricamente mediada por una mirada masculina. Esto ha derivado en estereotipos persistentes y en la invisibilización de experiencias diversas.
El estudio La mujer en la industria audiovisual mexicana. Participación en las distintas categorías profesionales y reivindicaciones feministas, escrito por Cristina Ángeles Huesca, Marta Saavedra Llamas y Mercedes Herrero de la Fuente (2026,) señala que, aunque las mujeres representan el 39.5% de la fuerza laboral en el sector, su presencia en puestos de decisión sigue siendo limitada. Esto tiene consecuencias directas en las narrativas: si menos mujeres dirigen, escriben o producen, menos historias complejas sobre la maternidad llegan a la pantalla.
En otras palabras, la representación no es solo un tema estético, sino estructural.
Nuevas narrativas: complejidad, contradicción y ruptura
En los últimos años, algunas producciones mexicanas han comenzado a romper con la visión tradicional de la maternidad. Ya no se trata únicamente de madres abnegadas, sino de mujeres que enfrentan decisiones difíciles, contradicciones internas y contextos adversos.
El cine mexicano ha explorado maternidades marcadas por la ausencia, la violencia, la migración o la precariedad económica, ampliando el espectro de experiencias representadas. Estas historias no buscan idealizar, sino problematizar.
De manera similar, una investigación destaca que las madres en el cine contemporáneo ya no son únicamente figuras de soporte narrativo, sino protagonistas con agencia propia, menciona Luis García Orso en Las madres de hoy en el cine mexicano (2024).
Este cambio no es menor. Implica reconocer que la maternidad no es una experiencia universal ni homogénea, sino un territorio atravesado por variables sociales, económicas y culturales.
Lo que aún falta por contar
A pesar de estos avances, la representación de la maternidad en el audiovisual mexicano sigue enfrentando limitaciones. Persisten estereotipos, y muchas historias aún se cuentan desde una perspectiva externa a la experiencia de quienes maternan.
Por otra parte, las mujeres siguen subrepresentadas en áreas clave como dirección, fotografía o efectos visuales. Esto restringe la diversidad de miradas y, por ende, la profundidad de las narrativas.
Además, temas como la maternidad no deseada, la conciliación laboral, la maternidad en contextos no tradicionales o las decisiones de no maternar aún tienen poca presencia en la pantalla.
Repensar la maternidad desde la creación
La transformación de la representación de la maternidad no depende únicamente de los contenidos, sino de quién los crea. A mayor diversidad en los equipos creativos, mayor posibilidad de construir relatos más complejos, honestos y representativos.
El audiovisual tiene la capacidad de ampliar imaginarios. De mostrar otras formas de ser madre, o incluso de cuestionar la maternidad como único destino posible.
Repensar la maternidad en el audiovisual mexicano implica, entonces, abrir espacio a nuevas voces, nuevas experiencias y nuevas formas de narrar. No para sustituir un modelo por otro, sino para multiplicar las posibilidades.
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