Cuando pensamos en la dirección audiovisual, es común imaginar a una persona al frente de una película, tomando decisiones sobre la puesta en escena, los actores, la cámara y el lenguaje visual. Sin embargo, la dirección audiovisual en televisión funciona bajo una estructura diferente, especialmente en producciones de estudio y multicámara.
En México, comprender esta diferencia permite reconocer el trabajo de quienes hacen posible que una idea se convierta en un programa de televisión.
Director de cine y realizador de televisión: no son lo mismo
Una de las principales diferencias está en la forma en que se organiza la producción. Mientras que en el cine el director suele concentrar una parte importante de las decisiones creativas y narrativas, en televisión las responsabilidades pueden distribuirse entre distintas figuras.
De acuerdo con Carlos Manuel Ornelas Pineda, en Producción de televisión: profesión y oficio (2024), el realizador de televisión participa en la interpretación y escenificación de la producción y coordina aspectos relacionados con cámaras, sonido, iluminación, escenografía y otros elementos técnicos. Su trabajo consiste en llevar a la pantalla el planteamiento de la producción.
En el artículo El director de cine y el realizador de TV (2014), Ricardo González Iglesias explica que esta diferencia está estrechamente relacionada con la naturaleza de la televisión: el realizador trabaja frecuentemente con varias cámaras y debe coordinar simultáneamente las imágenes que construyen el programa. En este sentido, la realización televisiva requiere una capacidad de respuesta y coordinación distinta a la dirección cinematográfica.
¿Quién dirige entonces un programa de televisión?
La respuesta depende del formato y de la estructura de cada producción. No existe una única forma de organizar la dirección en televisión: las responsabilidades y figuras involucradas pueden variar considerablemente entre telenovelas, programas non scripted y series contemporáneas.
En telenovelas y programas de concurso, por ejemplo, pueden coexistir distintas responsabilidades de dirección. Luis Eduardo García Nacif Hid señala en La producción en televisión (1994) la diferencia entre el director de escena y el director de cámaras: mientras el primero trabaja principalmente con la puesta en escena, los intérpretes y sus movimientos, el segundo traduce esa puesta en escena al lenguaje visual mediante la selección de encuadres, ángulos y movimientos de cámara.
A esto se suma la figura del productor, cuya responsabilidad está relacionada con la organización y realización del proyecto. Mientras la producción articula los recursos necesarios para llevar adelante el programa, la realización ejecuta audiovisualmente el planteamiento de la obra.
En las series contemporáneas, sin embargo, la estructura puede ser distinta. Es frecuente que la producción recurra a la figura del showrunner o productor ejecutivo, quien establece la visión general de la serie y coordina el trabajo de los diferentes directores y directoras que participan en sus episodios.
Por ello, más que hablar de una única figura que dirige “la televisión”, es necesario entender que las responsabilidades de dirección dependen del formato, el modelo de producción y las necesidades específicas de cada proyecto.
Una dirección que ocurre en equipo
La dirección audiovisual es un trabajo colectivo, pero su estructura y autoridad creativa varían según el tipo de producción. En las telenovelas, la máxima autoridad suele ser el productor; en las series, esta función puede recaer en un showrunner, quien establece y supervisa la línea creativa de los distintos episodios. Cuando una sola directora o director realiza toda la serie, esta figura puede ser innecesaria.
En el cine, la máxima autoridad creativa suele ser la directora o el director, aunque también existe el cine por encargo, donde el productor genera el proyecto y contrata a una directora o director para realizarlo. Cada formato audiovisual establece, así, su propia dinámica de colaboración y toma de decisiones.
El realizador se convierte así en un punto de conexión entre las distintas áreas que intervienen en la construcción audiovisual. Su trabajo no consiste únicamente en “operar cámaras”, sino en tomar decisiones sobre cómo se construye visualmente aquello que la audiencia verá.
Además, estas decisiones ocurren dentro de una industria que mantiene un alcance considerable. De acuerdo con el Instituto de Telecomunicaciones (IFT), en 2024, 74% de las personas en México consumen contenidos audiovisuales en televisión abierta, mientras que 55% lo hacen por internet. La televisión, por tanto, continúa teniendo una presencia relevante en los hábitos audiovisuales del país.
La discusión sobre quién dirige la televisión mexicana, entonces, no sólo implica distinguir entre director, realizador, director de escena y productor. También significa preguntarnos quiénes tienen la posibilidad de ocupar esos lugares y participar en las decisiones que determinan lo que vemos en pantalla.
La dirección televisiva es, en esencia, un trabajo de coordinación, interpretación y toma de decisiones. Una labor colectiva en la que distintas especialidades convergen para transformar un guion, una idea o un formato en una experiencia audiovisual.
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