El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha reconfigurado las dinámicas comerciales en América del Norte. Pero para las directoras y los directores audiovisuales nacionales, este acuerdo representa un desafío: abrir puertas al mercado internacional, pero también enfrentar el riesgo de diluir la identidad cultural frente a Hollywood.
Una cuota mínima que limita al cine mexicano
De acuerdo con El Economista, un ejemplo claro está en “el Capítulo 15, Comercio Transfronterizo de Servicios, que obliga a los exhibidores a reservar solo el 10% del tiempo total en pantalla a producciones nacionales”. Esto significa que, desde el TLCAN de 1994 hasta el T-MEC, el cine mexicano compite por una ventana mínima frente a estrenos estadounidenses.
También es importante mencionar que, de acuerdo a datos de Canacine, México es el cuarto país con mayor asistencia al cine en el mundo y el noveno en ingresos de taquilla, pero ese público rara vez se encuentra con historias nacionales en cartelera. El impacto es todavía más fuerte para las películas independientes, que casi no logran acceder a las pantallas comerciales.
La necesidad de una legislación que proteja nuestra cultura
Ante este panorama, es esencial que exista una legislación cinematográfica que no solo promueva la producción, sino que garantice su exhibición y cercanía con las audiencias mexicanas. Como apunta Daniela Alatorre, directora del IMCINE, el cine no es solo industria: “es un espejo, parte de la forma en cómo escribimos nuestra historia”.
Alatorre señala que, aunque el panorama internacional está marcado por negociaciones delicadas, hay mucho por hacer de manera interna:
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Fortalecer los circuitos de exhibición independiente.
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Posicionar el cine mexicano como marca cultural y educativa.
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Aprovechar los apoyos como Eficine, que en 2025 contará con 115 mdp adicionales, después de más de 10 años sin aumento.
Por medio del audiovisual hemos sido recolonizados culturalmente. Decolonizar las salas no se trata de reconstruir el pasado, sino de recuperar el futuro. Esta reflexión encapsula la urgencia de recuperar el control sobre nuestra narrativa audiovisual y asegurar que las futuras generaciones tengan acceso a una representación auténtica de su cultura.
En un mundo globalizado, el audiovisual mexicano no debe perder su voz. El T-MEC tiene retos importantes, pero para que directoras y directores audiovisuales puedan dar el siguiente paso para reavivar su industria y poner nuevamente la identidad cultural en el pensamiento de los mexicanos, es imperativo que exista una legislación que equilibre la apertura comercial con la protección de nuestra representación.
