La industria audiovisual mexicana se encuentra en una encrucijada: por un lado, la globalización y los acuerdos comerciales como el TMEC ofrecen retos y nuevas oportunidades a otras industrias; por otro, presentan desafíos que podrían comprometer su identidad cultural. En este contexto, es esencial analizar cómo estos acuerdos impactan a la industria cultural y qué estrategias pueden adoptar para navegar en este entorno.
La globalización y el audiovisual mexicano
La globalización ha abierto una pequeña ventana para las producciones nacionales, impulsando su alcance y visibilidad en audiencias internacionales. Sin embargo, en plataformas de streaming como Netflix, Amazon Prime y Disney+, las inversiones en este ámbito han sido mínimas y continúan disminuyendo.
La industria audiovisual ante la renegociación del T-MEC
El T-MEC no contempla un apartado específico para la industria audiovisual, en gran parte porque Hollywood y la Motion Picture Association of America (MPAA) nunca lo han considerado indispensable, esto se debe a que ambas tienen influencia sobre la propiedad intelectual y las reglas de contenido audiovisual, ya que solo buscan una expansión en el mercado que les beneficie.
A lo largo de la historia, las películas han circulado con relativa facilidad: antes, los negativos viajaban en vuelos comerciales para ser copiados en laboratorios mexicanos; hoy, un simple enlace basta para compartir un filme entre países. El mismo caso sucede dentro de los contenidos de la OTT (streaming), VOD (por cable o streaming), IPTV (de proveedor), o televisión tradicional. Esta ausencia de restricciones aduaneras ha favorecido la libre entrada del cine extranjero, pero también ha dejado en desventaja a las producciones nacionales, que enfrentan un terreno poco equilibrado.
En el T-MEC, la única disposición relacionada con lo cultural es la llamada excepción cultural, aunque aplica únicamente para Canadá. Gracias a ella, ese país puede implementar medidas que impulsen su identidad y producción audiovisual, como cuotas de contenido local en radio y televisión, sin contravenir el acuerdo comercial.
México no incorporó una cláusula equivalente,
lo que ha despertado inquietud en el sector cultural al dejar a nuestra industria frente a la enorme fuerza de Hollywood sin un marco de protección similar. Si bien la Ley Federal de Cinematografía establece que al menos el 10% del tiempo de exhibición en salas comerciales debe destinarse al cine nacional, este porcentaje resulta modesto si se compara con países como Corea, Francia, Brasil o China, donde las cuotas oscilan entre el 25% y el 60%.
Además, la norma mexicana carece de precisión en cuanto a horarios y pantallas, y con frecuencia se incumple ante la falta de un órgano que supervise su aplicación. Aunque esta medida opera de manera independiente al T-MEC, podría, idealmente, integrarse en un marco más sólido de defensa cultural.
El cine mexicano se encuentra en una encrucijada entre la globalización y la preservación de su identidad cultural. Los acuerdos comerciales como el T-MEC no ofrecen oportunidades para expandir su alcance y representan desafíos que requieren una reflexión profunda y una acción estratégica. Es esencial que los cineastas, las Secretaría de Cultura, el IMCINE y los responsables de la formulación de políticas trabajen juntos para garantizar que el audiovisual mexicano no solo sobreviva en la economía global, sino que también florezca, manteniendo su riqueza cultural y creatividad únicas.
