El consumo cambia, pero ¿quién gana?
En México, las plataformas de streaming no solo han transformado el acceso al contenido audiovisual, también han modificado profundamente los modelos de producción, distribución y monetización. Si bien el público ha ganado mayor libertad y variedad, la pregunta que sigue vigente es: ¿esta revolución digital realmente retribuye a quienes hacen posible ese contenido?
En particular, directoras y directores audiovisuales enfrentan nuevos desafíos para sostenerse creativa y económicamente en un entorno dominado por algoritmos, contratos opacos y poca transparencia sobre rendimientos.
¿Más pantallas = más oportunidades?
La entrada de plataformas de streaming ha ampliado la posibilidad de exhibición, permitiendo que series, películas y documentales lleguen a públicos que antes eran inaccesibles. Sin embargo, detrás de la “democratización” del contenido, muchos creadores advierten una concentración del poder en manos de las plataformas.
Según el Anuario Estadístico de IMCINE (2023), aunque la producción nacional ha aumentado, la mayoría de los proyectos más visibles y promovidos en plataformas provienen de grandes casas productoras o de acuerdos internacionales, lo que deja fuera a buena parte del talento emergente.
Modelos de negocio poco equitativos
Uno de los principales retos que enfrentan directoras y directores es la falta de modelos de negocio justos. En muchos casos, las plataformas no producen directamente, sino que compran derechos de distribución, muchas veces con pagos únicos que excluyen regalías, sin importar el rendimiento o alcance del proyecto.
Esto significa que una obra puede ser vista por millones y su creador no recibir un solo peso adicional.
En palabras de varios profesionales del medio:
“el contenido se vuelve desechable y el creador invisible”.
Además, existe poca o nula retroalimentación sobre métricas de audiencia. A diferencia de los reportes de taquilla o ratings televisivos, los datos de visualización en plataformas son reservados, lo que impide a los creadores negociar con base en el valor real de su trabajo.
Las telenovelas y el capital cultural
México ha sido históricamente potencia en producción de telenovelas. Hoy, muchas de esas narrativas migran a plataformas, donde se rediseñan como series “premium”. Aunque esto ha permitido nuevos lenguajes y estéticas, también ha implicado una pérdida de control creativo para muchas y muchos directores.
La mayoría de los contenidos adaptados al modelo de binge-watching obedecen a decisiones de mercado más que a criterios artísticos, lo que empuja a los creadores a adaptarse al algoritmo antes que a su visión narrativa.
¿Y las salas?
Según el IMCINE, en 2022 se estrenaron más de 200 películas mexicanas, pero solo un porcentaje mínimo alcanzó una exhibición comercial duradera. La gran mayoría fue desplazada rápidamente por blockbusters o quedó confinada al circuito de festivales. Las ventanas de exhibición se han reducido al mínimo, y en muchos casos el streaming no representa una alternativa sostenible.
¿Qué sigue?
La transición digital no tiene marcha atrás, pero urge replantear las condiciones en las que las y los creadores participan en ella. Algunas propuestas incluyen:
Establecer mecanismos claros para el reparto de regalías.
01
Promover la transparencia de datos de visualización en plataformas.
02
Generar fondos públicos que incentiven la producción independiente y la autoría femenina.
03
Fortalecer redes gremiales y asociaciones que defiendan los derechos laborales y creativos.
04
En Directores México…
Sabemos que el talento audiovisual mexicano no está en duda. Lo que está en juego es que ese talento pueda vivir de lo que crea.
Seguiremos impulsando espacios de diálogo, formación, representación y visibilidad para que cada directora y director pueda tener voz en la nueva era del contenido.
Porque no basta con que nuestras historias lleguen a más pantallas. También deben regresar dignamente a quienes las imaginaron, escribieron y dirigieron.
