Durante décadas, la televisión mexicana construyó sus propios códigos para producir y contar historias. Telenovelas, series, programas de entretenimiento y otros formatos respondían a ritmos de producción, estructuras y formas de consumo determinadas por la programación televisiva.
La llegada del streaming modificó ese escenario. Pero más que reemplazar a la televisión, las plataformas ampliaron el ecosistema audiovisual y transformaron las condiciones en las que se producen y consumen las historias.
Para quienes dirigen estos contenidos, el cambio implica enfrentarse a nuevas narrativas, nuevos procesos y nuevos retos.
De una televisión programada a un ecosistema bajo demanda
La televisión y el streaming ya no funcionan como mundos separados. De acuerdo con el Instituto Federal de Telecomunicaciones, en 2024 el 74% de las personas en México consumieron contenidos audiovisuales en televisión abierta, mientras que 55% lo hicieron por internet.
Este escenario plantea una convivencia entre modelos de consumo y producción. La televisión mantiene un alcance significativo, pero las audiencias también tienen acceso a contenidos bajo demanda, disponibles en diferentes dispositivos y horarios.
Para la dirección audiovisual, esto significa trabajar en un entorno en el que una producción puede tener audiencias más fragmentadas y alcances que trascienden las fronteras nacionales.
Nuevas narrativas, nuevas formas de contar
Uno de los cambios más visibles está en la ficción seriada. El streaming ha favorecido la circulación de historias con estructuras narrativas diferentes a las de la televisión tradicional.
Las plataformas incorporan elementos reconocibles de la tradición televisiva mexicana y los combinan con otros géneros y formas narrativas. La transformación, por tanto, no significa abandonar lo que ya existía, sino hibridarlo y adaptarlo a nuevas lógicas de producción y consumo.
Esto plantea nuevos desafíos para la dirección: construir personajes y atmósferas capaces de sostener una historia a lo largo de una temporada, mantener la continuidad narrativa y visual entre episodios y desarrollar una identidad que pueda conectar con audiencias locales e internacionales.
El cambio también ocurre detrás de cámaras
La producción televisiva tradicional distribuye las responsabilidades entre diferentes figuras: productores, directores de escena, directores de cámaras y realizadores. Con las series contemporáneas aparecen, además, estructuras de trabajo en las que pueden intervenir productores ejecutivos, salas de guionistas, showrunners y distintos directores para una misma temporada.
El concepto de showrunner resulta particularmente relevante. Esta figura concentra responsabilidades creativas y ejecutivas y participa en la supervisión de distintas etapas de una serie. Esto modifica la relación entre producción, escritura y dirección, y hace que la identidad de una serie dependa cada vez más de la coordinación de un equipo.
Un ejemplo mexicano puede encontrarse en Belascoarán, cuya primera temporada contó con tres directores para sus tres episodios: Ernesto Contreras, Hiromi Kamata y Gonzalo Amat (Filmoteca UNAM, 2023). Una misma serie puede tener, así, distintas miradas de dirección y, al mismo tiempo, necesitar conservar una identidad común.
Nuevos procesos, nuevos retos
El crecimiento de las plataformas también ha transformado las condiciones de producción. La expansión de las plataformas de streaming ha generado nuevas oportunidades de participación profesional en la creación de series, aunque también plantea preguntas sobre las condiciones y la distribución de esas oportunidades.
Para quienes dirigen, esto implica coordinarse con equipos más amplios y especializados, trabajar bajo calendarios de producción complejos y mantener una visión audiovisual coherente dentro de estructuras donde participan múltiples responsables creativos.
La dirección frente a un nuevo escenario
El streaming no hizo desaparecer la dirección televisiva. La obligó a adaptarse a un ecosistema más amplio.
Las nuevas narrativas requieren otras formas de planificación; las producciones seriadas demandan continuidad entre diferentes directores y departamentos; y las plataformas introducen nuevas relaciones entre producción, escritura, dirección y distribución.
En México, donde la televisión abierta continúa teniendo una presencia importante, el reto no consiste en elegir entre televisión o streaming. Consiste en comprender cómo ambos modelos conviven y cómo esa transformación está redefiniendo el trabajo de quienes convierten un guion en imágenes.
La dirección audiovisual seguirá siendo una labor de mirada, coordinación y toma de decisiones. Lo que está cambiando es el sistema en el que esa mirada se construye.
Si diriges o eres realizador o realizadora audiovisual, recuerda que puedes recibir las regalías por la explotación de tu obra comercial. Comienza el proceso de asociación a Directores México en www.directoresmexico.com.mx/asociate y recibe lo que te corresponde.
