Durante décadas, la producción audiovisual mexicana se ha concentrado principalmente en la Ciudad de México. La infraestructura técnica, los estudios, las grandes productoras, las cadenas de contactos y buena parte de los apoyos económicos han permanecido centralizados, generando una brecha histórica para quienes buscan dirigir cine desde otros estados del país.
Sin embargo, en los últimos años, distintas regiones han comenzado a fortalecer sus propias industrias audiovisuales gracias al crecimiento de fondos estatales, comisiones fílmicas y redes locales de producción. Este proceso ha abierto nuevas posibilidades para directoras y directores que buscan desarrollar historias desde sus propios territorios.
De acuerdo con el Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2025 del IMCINE, actualmente existen 41 enlaces fílmicos y oficinas de apoyo distribuidas en distintos estados del país, además de un incremento en incentivos y mecanismos regionales para atraer producciones audiovisuales (IMCINE, 2025). Estos apoyos incluyen desde permisos de filmación y acompañamiento logístico hasta estímulos económicos y colaboración institucional.
La descentralización del cine mexicano no solo implica filmar fuera de la capital. También significa crear condiciones para que las historias regionales puedan producirse desde sus propios contextos culturales, sociales y económicos.
En su momento, la directora general del IMCINE, María Novaro, señaló en entrevista para La Jornada que la descentralización “se abre camino a paso firme”, destacando el crecimiento de iniciativas regionales y la necesidad de ampliar las oportunidades para cineastas fuera de la Ciudad de México (Partida, 2024).
Aun así, dirigir desde regiones con menor infraestructura sigue representando múltiples desafíos. En el análisis Centralización: un problema endémico en el cine mexicano, publicado por ZOOMF7, se explica que gran parte de los recursos, festivales, oportunidades de distribución y espacios de formación continúan concentrados en la capital del país, limitando el desarrollo de otras cinematografías locales (Carrasco, 2020).
Esta desigualdad también impacta directamente en las condiciones de producción. Muchas realizadoras y realizadores trabajan bajo esquemas independientes, con presupuestos reducidos, redes de colaboración comunitaria y recursos técnicos limitados. En varios casos, los proyectos dependen de intercambios de favores, trabajo no remunerado y financiamiento fragmentado.
El estudio Producción audiovisual desde la periferia, de Miguel Ángel Andrade Robles para la Revista Caleidoscopio, analiza precisamente cómo producen cine distintos equipos independientes fuera de los grandes centros audiovisuales. El autor señala que las producciones regionales suelen enfrentarse a condiciones de precariedad, menor acceso a financiamiento, infraestructura insuficiente y dificultades de distribución (Andrade Robles, Revista Caleidoscopio, 2026).
Además, la llegada de plataformas de streaming ha generado una relación ambigua para el cine regional. Por un lado, plataformas como Netflix o Prime Video abren posibilidades de exhibición y visibilidad internacional; por otro, también imponen estándares técnicos y comerciales difíciles de alcanzar para muchas producciones independientes fuera de la capital.
El estudio también destaca que numerosos equipos audiovisuales regionales adaptan desde el inicio sus procesos de producción pensando en las exigencias de estas plataformas, aún sin tener acuerdos directos con ellas (Andrade Robles, 2026). Esto demuestra cómo las dinámicas globales del streaming están modificando incluso las formas de producir cine localmente.
En mayo de 2025, integrantes del gremio audiovisual solicitaron al Poder Legislativo impulsar políticas públicas y mecanismos de apoyo para descentralizar la industria cinematográfica mexicana. De acuerdo con el artículo “Gremio pide al legislativo descentralización del cine en México”, publicado por El Economista, representantes del sector señalaron que la concentración de recursos e infraestructura en la Ciudad de México continúa limitando el desarrollo de producciones regionales y el acceso equitativo a oportunidades para cineastas de otros estados (Quiroga, 2025).
La descentralización audiovisual sigue siendo un proceso en construcción. Aunque todavía existen fuertes desigualdades estructurales, el crecimiento de apoyos estatales, redes regionales y producciones independientes demuestra que el cine mexicano también se está construyendo desde la periferia.
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