La maternidad ha sido uno de los ejes narrativos más constantes en el audiovisual mexicano. Desde la época de oro hasta las producciones contemporáneas, la figura materna ha funcionado como símbolo cultural, emocional y moral. Sin embargo, más allá de su presencia constante, lo verdaderamente relevante es cómo ha sido representada.
El cine no solo retrata la realidad: también la configura. Las imágenes de la maternidad que han circulado durante décadas han contribuido a consolidar imaginarios sociales sobre lo que significa ser madre. Como apunta , estas representaciones han transitado de modelos idealizados hacia narrativas más complejas, sociales y críticas, (Miranda, H. A; Pech, S. C. (2025) La potencia comunicativa del cine feminista: violencia y maternidad en cine mexicano contemporáneo, Revista UCM / Paz, R. (2019). De película: la figura de las madres en el cine mexicano. Gaceta UNAM).
A continuación, en Directores México proponemos este recorrido por 10 películas que permiten entender esta transformación.
Madre querida
(1935), Dir. Juan Orol
En la época de oro del cine mexicano, la maternidad se construyó como un modelo aspiracional. En películas como ésta, la figura materna encarna el sacrificio absoluto, la pureza y la devoción familiar.
Este tipo de representación reforzó una visión homogénea y normativa de la maternidad en el imaginario mexicano.
Cuando los hijos se van
(1941), Dir. Juan Bustillo Oro
En esta película, la maternidad se construye desde el sacrificio absoluto. La figura materna está completamente definida por sus hijos: su identidad, sus decisiones y su valor giran en torno a ellos. No hay espacio para el deseo propio ni para la contradicción; la madre existe en función de cuidar, sostener y, sobre todo, renunciar.
Esta representación es clave para entender el cine de la época de oro, donde el sufrimiento materno se convierte en virtud y en eje moral de la narrativa.
Los olvidados
(1950), Dir. Luis Buñuel
Un quiebre temprano: la madre deja de ser ideal. La madre de Pedro es una mujer rebasada por la pobreza, el cansancio y el resentimiento acumulado.
Esta representación resulta incómoda porque rompe con el mandato de la maternidad amorosa e incondicional. En lugar de juzgarla, la película evidencia cómo el contexto social, la marginalidad, la violencia y la falta de oportunidades, atraviesa y condiciona la forma de maternar, mostrando una maternidad profundamente humana, contradictoria y vulnerable.
Los motivos de la luz
(1986), Dir. Felipe Cazals
Basada en un caso real, la película se adentra en uno de los territorios más incómodos de la maternidad: su lado más oscuro y trágico. La historia sigue a una mujer acusada de asesinar a sus hijos, desafiando de forma directa la idea de la madre como figura inherentemente protectora y amorosa.
En lugar de ofrecer respuestas simples, abre preguntas sobre los límites del juicio moral y sobre cómo ciertos contextos pueden desbordar cualquier ideal de maternidad.
Lola
(1989), Dira. María Novaro
Este filme marca un punto de inflexión en la representación de la maternidad en el cine mexicano. Lejos del ideal de la madre abnegada, presenta a una mujer que materna desde la autonomía, la precariedad y el deseo.
Aquí, la maternidad no define por completo a la protagonista, sino que convive con su identidad, sus decisiones y sus contradicciones, anticipando una mirada más compleja y realista sobre la experiencia materna.
Perfume de violetas
(2001), Dira. Maryse Sistach
En Perfume de violetas, la maternidad se presenta desde la fractura. Lejos del ideal protector, las figuras maternas aparecen atravesadas por la violencia, la ausencia emocional y las condiciones sociales que limitan su capacidad de cuidado. No se trata de madres que eligen fallar, sino de mujeres inmersas en entornos que desbordan cualquier posibilidad de sostén.
La película desplaza la mirada hacia las hijas, evidenciando cómo la maternidad, cuando es insuficiente o está ausente, impacta directamente en la construcción emocional y social de la juventud.
Las buenas hierbas
(2010), Dira. María Novaro
Explora los vínculos desde la inversión de roles. La historia sigue a una mujer que debe cuidar a su madre mientras ésta comienza a perder la memoria, transformando por completo la dinámica entre ambas. La maternidad deja de ser una relación unidireccional para convertirse en un lazo que se reconfigura con el tiempo.
Aquí, la maternidad se expande más allá del mandato tradicional: no es solo dar vida, sino también sostener, acompañar y resignificar el vínculo en medio de la enfermedad, el tiempo y la transformación.
Sin señas particulares
(2020), Dira. Fernanda Valadez
Es un retrato de cómo la maternidad también se construye desde la búsqueda y la ausencia. La protagonista emprende un recorrido físico y emocional para encontrar a su hijo desaparecido, transformando el acto de maternar en resistencia. Aquí, ser madre no es solo cuidar, sino insistir, investigar y no soltar, incluso cuando todo apunta a la pérdida.
La película desplaza la maternidad del espacio doméstico al territorio social y político, evidenciando cómo la violencia en México redefine los vínculos familiares.
Noche de fuego
(2021), Dira. Tatiana Huezo
Lejos de la idea de la maternidad como espacio seguro y estable, Noche de fuego la sitúa en un entorno donde proteger implica ocultar y anticiparse al peligro. Las madres no solo cuidan: enseñan a sus hijas a sobrevivir. En este contexto, maternar se convierte en un acto de defensa constante.
El vínculo entre madres e hijas está atravesado por el miedo, pero también por una forma profunda de amor que busca preservar la vida en medio de la violencia.
La civil
(2021). Dira. Teodora Mihai
La película sigue a una mujer cuya hija ha sido secuestrada, y que, ante la ineficacia y ausencia de las autoridades, decide emprender su propia búsqueda. En este proceso, la maternidad deja de estar vinculada únicamente al cuidado y se transforma en acción, resistencia y confrontación directa con la violencia.
A medida que avanza la historia, la protagonista se ve obligada a cruzar límites que antes parecían impensables. La búsqueda no solo es física, sino también emocional y ética, evidenciando el desgaste, la desesperación y la determinación que implica no rendirse.
De arquetipo a experiencia: una transformación en proceso
El recorrido por estas obras revela una transformación clara: la maternidad ha pasado de ser un símbolo rígido a convertirse en un territorio narrativo diverso. Este cambio no es casual. Está directamente relacionado con la participación de más mujeres en la industria audiovisual.
A medida que más mujeres escriben, dirigen y producen, la maternidad deja de ser un estereotipo y se convierte en una experiencia múltiple, atravesada por contexto, deseo y contradicción.
Estas representaciones en el audiovisual mexicano no solo hablan del cine, sino de la sociedad que lo produce. Cada historia amplía las posibilidades de entender qué significa ser madre.
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